Abandonaron por primera vez el agujero. Salieron a la superficie e, incautos, miraron fijamente al sol, probando en sus tiernos ojos su dolorosa ceguera. Trataron de volver al hogar, pero privados de vista, desorientados, se perdieron en el desierto… Por suerte, encontraron un oasis. Y en sus sombras se refugiaron, mirando siempre al sol entre las hojas, con inmenso recelo.