Nunca te lo dije.

Y creo que nunca te lo diré.

Pese a ver muchas veces

tu mirada suplicando un «te quiero»,

me resulta imposible soltarlo por la boca.

Y es que hay cosas que no sé decir.

Tú, sin embargo, tienes esa facilidad

para mirarme a los ojos, sonreírme

y deshacerme con esas palabras.

Y yo me sonrojo y río,

pero no respondo.

Quizás pienses que no te las mereces.

Que no te las has ganado a pulso

cada día que pasas a mi lado.

O peor, que yo no las siento.

Si no las digo, ¿es que no las siento?

Si es así, ¿debería decirte un ya no te quiero?

O quizás deba ser sincero contigo y conmigo mismo,

e ir un paso más allá.

Porque, cielo, yo no te quiero,

yo… te amo.